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5.5. La adicción a la marihuana

 

 

De la planta Cannabis sativa se extrae tanto la marihuana, como el hachís entre otras variantes. Se trata de la sustancia ilegal más consumida en el planeta, y su uso ha sido discutido hasta la saciedad en mil debates. Los defensores de su legalización hablan de aplicaciones terapéuticas y también hay quien piensa que sus efectos permiten abrir ciertas partes de la conciencia.

Sin embargo, directores de prestigiosos centros de tratamiento de adicciones de nuestra provincia nos cuentan que es precisamente entre los consumidores en rehabilitación de esta sustancia, donde se presentan las conductas más violentas, cambios bruscos de carácter, incluso, en algunos casos, alteraciones psicóticas.

El principio activo de esta droga es el THC, que se encuentra en diferentes cantidades según la forma final de la sustancia. Desde un 5% en la marihuana, hasta un 60% en el aceite de hachís.

El THC se acumula en los tejidos adiposos, por eso puede durar su presencia en el cuerpo varias semanas con un solo consumo. Sus efectos, a corto plazo, pueden generar desorientación, despersonalización, paranoia, incluso alucinaciones.

A largo plazo, los consumidores diarios tienen 5 veces más posibilidades de sufrir trastornos mentales como depresión y ansiedad. Además, la mayoría de los estudios están de acuerdo en que el THC puede provocar enfermedades psicóticas, especialmente en ciertas personas, como se extrae de un estudio del Instituto de Psiquiatría del Colegio del Rey de Londres en Inglaterra, donde se concluye que los consumidores de marihuana con una variante particular en el gen AKT1 tienen el doble de probabilidades de desarrollar un trastorno psicótico y hasta siete veces más probabilidades si consumen cannabis diariamente. Apuntemos que la psicosis se caracteriza habitualmente por cambios acusados de la personalidad, una disminución de las funciones y un sentido distorsionado de la realidad.

En conclusión, y añadiendo otra visión a este largo debate, podemos decir que quizá esas sensaciones de apertura de conciencia estén relacionadas con las alteraciones que el uso del THC provoca. Lo cual puede ser en extremo grave si pensamos que es la adolescencia la edad en que generalmente se inicia su consumo, y precisamente éste es un período crítico para el surgimiento de trastornos graves como psicosis o esquizofrenias.

Además, como nos cuentan los educadores de campañas preventivas en institutos, la tesis de muchos consumidores jóvenes es que la marihuana es “algo natural”, y que por ello no puede ser malo. Descuidando quizá, en esta argumentación, todos los venenos mortales que se encuentran en la naturaleza.

 

 

 

Efectos del THC

En la clasificación de sustancias psicoactivas, el tetrahidrocanabinol es un psicodisléptico o perturbador, lo que significa que no puede etiquetarse claramente como excitante o depresor del sistema nervioso central.

Además, debido a las alteraciones transgénicas que se practican, encontramos variedades muy diferentes con efectos impredecibles. Según los autores, el consumidor habitual suele presentar el llamado síndrome amotivacional, que podría desembocar en trastornos de personalidad e incluso generar procesos psicóticos incipientes.

El consumo de THC provoca sensación de bienestar (euforia), un estado somnoliento de relax, calma y apatía, con un sentimiento de desconexión del mundo habitual: «Los pensamientos divagan fuera de control. Al consumidor le parecen graciosas cosas que no resultan especialmente divertidas para el observador.

La anormalidad conductual más evidente mostrada por un sujeto bajo la influencia del cannabis es la dificultad para mantener una conversación inteligente, quizás por causa de una incapacidad para recordar lo que se acaba de decir incluso unas pocas palabras antes. Otro efecto característico de su consumo es la distorsión del sentido del paso del tiempo, asociado con profundos déficits en la memoria y en el aprendizaje a corto plazo. En consecuencia, se pierde el estado de alerta, la coordinación y el juicio que se requieren para las tareas complejas tales como conducir o el desempeño de trabajos con herramientas complejas.

Las personas que consumen THC de forma continuada presentan, frecuentemente, unos efectos a largo plazo que se caracterizan por:

  • Sensación de angustia existencial, “asco” hacia la sociedad, desconfianza, sensación de ser controlados.
  • Delirios paranoides.
  • Cambios bruscos de humor.
  • Enorme dificultad para mantener la abstinencia.
  • Creencia de que, por tratarse de algo natural, ha de ser sano.

 

Las moléculas del THC se adhieren al tejido adiposo y se van liberando progresivamente, de forma que su presencia en orina puede detectarse durante meses. Eso hace que el consumidor habitual, aunque inicie la abstinencia, seguirá bajo sus efectos largo tiempo. También implica que la persona se encuentra de forma constante afectada por la sustancia durante tantos años como tiempo lleva consumiendo sin que haya experimentado momento de sobriedad. Las pruebas de orina identifican los metabolitos de los cannabinoides. Debido a que estas sustancias son solubles en grasas, persisten durante largos periodos en los líquidos del organismo, como decíamos, y se excretan muy lentamente. Las pruebas de rutina para cannabis en orina pueden resultar positivas durante 70 días en sujetos que consuman cannabis ocasionalmente. En sujetos que consumen grandes cantidades pueden dar lugar a resultados positivos al cabo de 160 días. El resultado positivo en la orina es consistente con el consumo pasado, pero no es indicativo de intoxicación, dependencia o abuso.

A diferencia de otras drogas que se eliminan más rápido del cuerpo, como la cocaína o el alcohol, los consumidores de marihuana no recuerdan cómo eran antes del consumo, en estado sobrio.

El cannabis habitualmente se consume junto a otras sustancias, especialmente nicotina, alcohol y cocaína. Asimismo, la marihuana puede ser mezclada y fumada junto con opiáceos, fenciclidina (PCP) y otras drogas alucinógenas.

Una vez ingerido el THC a través del humo, pasa rápidamente de los pulmones al cerebro activando los receptores cannabinoides, especialmente densos en el hipocampo y en el córtex cerebral, áreas especializadas en habilidades cognitivas y en los procesos de memoria. También afecta al cerebelo causando alteraciones en el equilibrio y en el movimiento fino muscular. Otro de sus efectos consiste en el bloqueo de los efectos normales de una hormona cerebral endógena.

No se encuentran receptores cannabinoides en las partes del cerebro que controlan el ritmo cardiaco, la contracción o dilatación de los vasos sanguíneos y la velocidad y profundidad de la respiración, lo que puede explicar la ausencia de efectos tóxicos graves inmediatos en estos sistemas vitales cuando se produce un consumo de marihuana, y el que no se hayan registrado muertes por sobredosis.

Como efectos periféricos asociados a su intoxicación, podemos hablar de un aumento del ritmo cardiaco y una dilatación de los vasos sanguíneos de la conjuntiva ocular. Además, el humo del cannabis contiene más carcinógenos que el humo del tabaco. Se han documentado alteraciones en el equilibrio hormonal, especialmente de las hormonas sexuales, como consecuencia de la acción del THC en el hipotálamo. Esto deriva en una reducción del esperma, una reducción de los niveles de testosterona y una disminución de la libido en los hombres. Por su parte, en las mujeres se observan alteraciones en el ciclo menstrual en las mujeres. También puede ocurrir el fenómeno de tolerancia inversa, mediante el cual, con la misma dosis, fumadores habituales muestran efectos mayores que los que fuman por primera vez.

El consumo agudo de cannabinoides puede causar una difusa y lenta actividad en el EEG y supresión de los movimientos oculares rápidos (REM).

La intoxicación por tetrahidrocannabinol raramente precisa tratamiento específico y no suele representar un riesgo vital para el individuo. Sí pueden presentarse manifestaciones psicopatológicas como cuadros de ansiedad o despersonalización que por lo general se controlan satisfactoriamente con benzodiacepinas.

 

 

Síndrome de abstinencia

Aparece tras la suspensión del consumo prolongado de altas dosis de cannabinoides. Su duración puede oscilar de varias horas a siete días. Entre los síntomas y signos se incluye ansiedad, inestabilidad, temblor de manos extendidas, sudoración y dolores musculares.

 

 

El consumidor adolescente

La adolescencia es un período completo pues el joven comienza a construir sus propios esquemas mentales, sus formas de socialización, etc. y a desprenderse de los que hasta ahora venían aportando sus padres.

Salen solos por primera vez, aparecen las necesidades de pertenencia a un grupo que en ocasiones tiene gustos y hábitos muy diferentes a lo que él conocía. Debe adaptarse. Además de satisfacer las expectativas de los padres, y las propias, en lo referente al rendimiento escolar, y las normas de convivencia en la casa, también debe ahora de satisfacer las nuevas expectativas del grupo: ser valiente, o social, o atrevido…

Además de los cambios físicos y psicológicos que esta etapa conlleva, están acontecimientos que pueden resultar estresantes por la poca experiencia desarrollada en ellos, como la actividad sexual, las relaciones de pareja, etc.

Si a todo ello le añadimos otros elementos capaces de alterar y perturbar el pensamiento, el sentimiento y la conducta de la persona, como son las sustancias psicoactivas, nos encontramos con un peligroso coctel difícil de manejar.

También ha de contemplarse la falta de conocimiento en cuanto a los efectos de las sustancias, muchas veces transgénicas, o consumidas bajo los efectos de otras drogas (como alcohol), y la poca capacidad de discernimiento que ello implica, así como la reducción de la percepción de riesgo.