Punzadas en el corazón

Querido Jon, Hugo, Ivan… te podría llamar de mil maneras, pero sobre todo te llamaría hermano. Cuando me enteré de que naciste conmigo me sentí la persona más feliz y triste del mundo. Siempre me he sentido incompleta en esta vida, siempre he notado que me faltaba algo, mi otra mitad, y esa eres tu. Lloré por tu pérdida, porque sin siquiera conocerte, sé que te amo. No sabes lo difíciles que han sido estos últimos diez años. No he hecho otra cosa más que intentar matarme y ni siquiera sé porque. Mi tren descarriló hace mucho tiempo y desde entonces no he vuelto ha encontrar mi via. Cada mañana me digo a mi misma “hoy va ser el día Karla, a partir de ahora vas a cambiar, vas a conocer lo que es vivir y vas a lograr tirar para adelante”. Pero nunca lo consigo, mi subconsciente es más fuerte que yo y siempre me lleva al lado oscuro. Me digo que voy a ser “una chica normal”, pero y qué es ser normal? Me siento muy perdida y no me valoro nada a mi misma. Siempre presumo de lo que tengo y quiero tener lo mejor, para que así la gente me quiera, porque pienso que siendo tan sólo Karla no me van a querer.

Hubieras tenido una familia fantástica, te hubieran querido como a nada en el mundo. Tu madre es sin duda una mujer excepcional, no se rinde nunca y siempre saca fuerzas y esperanza de donde no las hay. Aunque no todo es de color de rosas, ser una Maldonado no es fácil tampoco. Tu padre nos abandonó cuando yo tenía dieciséis, a partir de ahí fue cuando mi enfermedad empezó a incrementar. No es fácil seguir adelante sin tu figura paterna, y más aún sabiendo que sigue viva. Nunca he querido mostrar mi duelo, y siempre he querido ser fuerte, pero la pura verdad es que estoy rota por dentro. Cuando se marchó me prometí a mi misma que no me permitiría amar a nadie más, no volvería a sentir otra pérdida. Hoy en día tengo el sentimiento del amor igual que el del hambre, no se cuando es real y cuando no. Si lo siento de verdad o es solo fruto de mi imaginación. Pero estoy dispuesta a seguir adelante, a dejar a una lado la vida que he llevado hasta ahora y crear una mejor, por la familia, por ti y sobre todo por mi.


Un universo de pensamientos

“Son las siete de la tarde, la casa está vacía, en la nevera solo hay una manzana y un cartón de leche. Poco a poco mi ansiedad va creciendo hasta tal punto que no consigo controlarla. Solo pienso en comer y todos mis sentidos se concentran en mi boca. Cojo dinero de la mesilla, bajo a la calle y me lo gasto en la primera tienda que encuentro. Al acabar subo rápidamente a casa y en menos de 15 minutos he sido capaz de tragármelo todo. Sin pensarlo dos veces voy directa al baño, pero en ese instante oigo unas llaves detrás de la puerta, es mi madre. Sin hacer ruido regreso a mi cuarto y escondo los restos de comida, pero ya es tarde, me ha pillado. La oportunidad de vomitar se ha esfumado, enfurecida me echo a llorar, 2000 kcal navegan dentro de mí.”

Me despierto.

Un sueño más como tantos otros que al final se convierten en pesadilla y que acaban en angustia, ansiedad o miedo.

Recuerdo que de pequeña mi mayor temor era la soledad, no soportaba la sensación de perder a mis seres queridos. Pero poco a poco fui entendiendo que el transcurso de la vida consiste en ir despidiendo a aquellos que de verdad te importan. Con 20 años mi mayor pánico es la comida. Siento que vivo por y para ella. Me levanto cada mañana con la ansiedad de comer y me acuesto contando las calorías que he devorado.

Tu cabeza se vuelve un caos. Intentas llevar una vida ordenada pero la fuerza de voluntad que te lleva a ello decae y acabas envuelta en una rutina de comer y vomitar. Te sientes sola, pero tienes miedo de pedir ayuda porque temes que no te entiendan o que piensen mal de tí. Por ello terminas tragándotelo todo, literal y figuradamente, con una sonrisa de oreja a oreja ocultando al mundo lo que de verdad padeces.

Es difícil expresar lo que sientes, porque ni tú misma te entiendes. Cada día cientos de pensamientos viajan por tu cabeza, la mayoría de ellos negativos. Tu familia, tus amigos, tu psicólogo, todo tu alrededor intenta ayudarte, pero el hecho de que te castigues hace que castigues indirectamente a los demás. Te vuelves una persona fría y egoísta. Las personas que de verdad te quieren te demuestran todo su amor, un amor, que no eres capaz de devolverles. Solo te fijas en tí. A medida que vas creciendo por naturaleza el cuerpo tiende a cambiar, pero tu cabeza no es capaz de admitir ese cambio, en ella sigue grabada la imagen de niña pequeña. Para lograr salir de este infierno tienes que quererte y aceptarte tal y como eres, dejar las excusas a un lado y hacer el cambio hoy.

No veo el daño que me puede llegar hacer esta enfermedad porque todavía soy joven, pero me horrorizo al pensar que en un futuro pueda tener un mal mayor, una úlcera, un cáncer o incluso la idea de no concebir.

Tengo miedo de no poder salir de este abismo, no encuentro calma en mi ansiedad, pero estoy convencida de que una vez que lo consiga podré con todo lo que me proponga.


Punzadas en el corazón

Todos deseamos la felicidad, ese estado de ánimo de satisfacción y de goce en el cual nada más importa. Sin embargo la felicidad no es duradera, ni todo el mundo es feliz en las mismas circunstancias.

En mi opinión la sociedad está creada para esclavos. El mundo entero funciona de la misma manera: primero naces, posteriormente te formas en algo, te dedicas a ello, te casas, tienes dos maravillosos hijos y finalmente mueres. Dependiendo la economía en algunos países funciona mejor que en otros pero la dinámica es la misma. Ejemplo: Si el sur de África dispondría del mismo dinero que dispone España, los dos países vivirían exactamente igual. Y viceversa. A lo que quiero llegar, el mundo para cuando tu naces ya está completamente diseñado, te guste o no. Es cierto que dentro de él puedes diseñar tu propia vida pero esa vida nunca se parecerá a una vida en un mundo sin diseñar.

La mayoría de personas adoran este método de vida, y ni siquiera se preguntan qué es lo que pasaría si hubieran nacido en otro mundo, o si el mundo fuera diferente, y hay otras tantas que si que lo hacen pero se acostumbran a vivir en él. Todas estas alcanzan la felicidad con más facilidad. Por último estamos las personas como yo, las cuales no aceptamos este método de vida o nos cuesta aceptarlo. Por ello alcanzar la felicidad es uno de nuestros puntos más débiles. Me siento atrapada, como si Pamplona fuera una cárcel. Mi cabeza va a 1000 por hora durante las 24 horas los 365 días del año por ello necesito constantemente conocer gente y cosas nuevas. No soporto la rutina. Este problema se ha derivado en ansiedad, el cual, se ha manifestado en la comida, y no en las drogas o en autolesión como podría haber sido. Algún día, por mi bien, lograré entender porque el mundo es así y espero poder vivir agusto en el.

Por todo lo anterior admito que nunca he llegado a ser feliz durante largos periodos. Un buen resultado de un examen, salir de fiesta y no parar de bailar con mis amigas, lograr algo que te hayas propuesto etc, pequeños actos que otorgan felicidad, pero al cabo de un periodo de tiempo desaparecen. Lo mismo ocurre con las compras. Cuando compro siento felicidad, es cierto que solamente dura un tiempo por ello es un acto que repito más de una vez. Esa pequeña felicidad que obtengo tras una compra me ayuda a afrontar con más ganas mis obligaciones, como estudiar o no vomitar. Obviamente no es la mejor manera teniendo en cuenta que se puede convertir en una adicción.

Tampoco soy la persona más amable del mundo ni la más estudiosa. Este semestre no he tenido la cabeza donde tenía que estar y por ello todo el estudio me ha venido de golpe. Pero he de decir que me he esforzado el poco tiempo que tenía para sacar los exámenes.

La carrera la voy ha sacar y en cuatro años, no hay un NO por respuesta. No tengo claro que es lo que voy ha hacer con mi vida, pero lo que tengo claro y lo sé desde el día que dije que iba a ser periodista que esta profesión iba a ser mi vida. Quiero demostrar al mundo que se puede cambiar.

En cuanto lo de amable, se que tengo que cambiar. Se que toda mi familia me ve como la “rara” de la familia, lo piensan todos y cada uno de ellos, pero no lo dicen. No voy a comer con la familia los domingos, ni tampoco estoy con ellos cuando vienen mis abuelos a Pamplona, no se me derrite el corazón cuando mi prima me echa una sonrisa y no me preocupa estar sin hablar con mi padre un més. Pero eso no significa que no les quiera. Donde está escrito que hay que hacer todo eso para ser feliz?

Mi deseo es encontrar la felicidad por mi misma y que no se encuentre ni en objetos materiales ni en pequeñas cosas que “según la sociedad aportan felicidad”. Me siento distinta a los demás y se que lo soy, porque no pienso igual que las demás personas aunque a primera vista lo parezca. Siento que nadie me conoce a fondo ni sabe de lo que sería capaz. Una gran parte es por mi culpa, ya que no me se expresar, y cuando lo hago no es del todo cierto lo que digo.


Mamá

Podría darte las gracias por un millón de cosas en esta vida, pero sobretodo te agradezco tu sacrificio, dejar la vida que un día llevabas por tomar la decisión de traer a alguien a este mundo. Te agradezco haberme llevado nueve maravillosos meses dentro de tu vientre, sentir tu cálida leche alimentando mis labios, tú presencia en mi primera sonrisa, en mis primeros pasos.

Puede que la vida no nos esté sonriendo, yo prefiero verlo como un reto, uno bastante jodido, pero un reto. Puedo vivir sin muchas cosas en esta vida, sin este lujo que me has dado, sin amigos, sin mi familia, e incluso con esta tortura que te estoy haciendo. Pero jamás podría vivir sin ti. Siempre me he creído fría, sin corazón pero me he dado cuenta de que no lo soy, de que soy selectiva y ahí radica la diferencia. El amor que tengo no lo demuestro con cualquiera, si no con las personas que de verdad me importan. Y siento decir que en ese puesto sólo te tengo a ti.

Siempre has luchado por mi, aunque las cosas estuvieran muy negras siempre me has elegido y por ello te doy toda mi enhorabuena, eres la única que ha logrado quedarse todo mi corazón.

Es gracioso, quisiera cambiar el mundo, bueno no sé si lo llamaría cambiar, pero si vivir de otra manera. No me siento parte de esta sociedad materialista, organizadora, postureta… durante 21 años e intentado ser una ciudadana a lo que el mundo llama “normal” , estudiar, trabajar, salir de fiesta, tener amigos, estar con la familia, ser popular etc. pero nunca he encajado en ese modelo. Por eso me revelo. Creerás que esto todo no tiene sentido, si no, para que sigo en Instagram no? Mi enfermedad puede venir de muchas cosas pero sé que la principal es esta, el no sentirme como el resto de la gente e intentar vivir como ellos. De ahí el hecho de que me cueste tanto salir. Por mucho que hable con mi padre, me perdone, me una a la familia, tenga una carrera, me controles las 24h o ingrese no resultará. Necesito descubrir mi camino y conocerme.

Mi cura tiene que ver con aquellos que se sienten libres, que no siguen las reglas, que no necesitan grandes cosas y que el simple hecho de sentir una brisa de aire les haga feliz. No soy mala y no quiero hacerme creer más que lo soy por todo lo que hago. Siento que tengo un ángel de la guarda, que me mantiene viva para poder descubrirme.

Te amo madre, como nunca he amado a nadie. Y aunque me abandonases sería capaz de cualquier cosa por recuperarte. Me molesta incluso tener que escribirte esto el día de la madre. Porque para mi tú eres todos los días.

Mereces ser feliz, pesar en ti y no dejar de quererte. Porque yo no lo dejare nunca de hacer. Por una y mil veces más, te digo que te quiero. ❤️


Papá

Papa, tengo tantas cosas que decirte que me siento delante de la pantalla y no me sale ni una sola. Siento un bloqueo profundo y no hay palabra que rompa ese miedo. No quiero hablar sobre si te quiero, si te echo de menos o simplemente si pienso en tí, creo que la respuesta a todo eso es bastante obvia. El otro día hablando contigo me preguntaste si me había dolido que te hubieras ido, si estaba enfadada contigo, fue la primera vez en cinco años que sentí a mi padre, me diste un golpe al corazón con tus palabras. No estoy enfadada contigo, ni mucho menos, desde siempre me has dicho que necesitabas salir de aquí, que yo era lo único que te retenía. Me hablabas con ilusión sobre tus lugares favoritos, había un foco de resplandor en tu voz, en cada palabra que recitabas. No puedo enojarme con alguien que pudo ser capaz de volar, fuiste el héroe de tu propia vida. Pero reconozco que me quedé muy jodida, no lo había sentido hasta ahora, te fuiste en un mal momento, yo pasaba por una mala época, no encontraba mi lugar y te necesitaba. Eras mi madre, siempre te he sentido así, eras mi mejor amigo, mi otra mitad, la persona que me enseñaba siempre haber las cosas positivas de la vida, el que me enseñó a reír, a reconocer que ser diferente no es algo infame, sino milagroso. Muchas veces he culpado a mi familia de tu huida, siempre he creído que no te han querido y por ello hicieron que te fueras, pero he aprendido a que hay que olvidarse de las culpas, es un simple modo de sentirte mejor contigo mismo y cargar tu malestar al resto. Nunca he encajado tan bien con nadie como contigo. Me duele muchísimo tu ausencia, pero también me duele el hecho de ir a verte y tener que despedirme otra vez de ti, no me siento fuerte para ello. Dios me dice todos los días que sea valiente, que siga adelante, que tengo mucho que aportar a este mundo, que ni el cielo ni el infierno son lugar para mi, mi lugar está en mí y tengo que saber estar conforme con el, cuando lo aprenda seré aquella persona que siempre he querido ser. He hecho mucho daño, pero se que puedo arreglarlo, el dolor nos hace más fuertes, y nos da ese empujón de adrenalina que muchas veces necesitamos. Gandhi dijo una vez “Sé el cambio que querrías ver en el mundo”. Necesito dar ese cambio. Volveremos a estar unidos papá, y volveré sentir tus cálidas manos rodeando mi frágil espalda. Pero primero necesito sentirme viva.

Tu única hija, aquella que te adora,

Karla.

Siempre he visto el futuro como algo lejano y difícil de superar. Lleno de obstáculos que nunca sabré si podré derribar. Pero por muy duros que sean, la vida es un regalo que Dios nos ha dado. A mi por suerte me ha regalo otro mejor, poder encontrar a una compañera de vida, a una hermana, a mi mejor amiga. Nunca pensé que pudiera conectar tanto con alguien. Descubrirte a sido descubrir que la vida merece la pena. Eres mi salvación Idoya. Y por eso siempre estaré en deuda contigo. Eres la tirita que cura todas mis heridas. Contigo soy yo misma. Quiero compartirlo todo contigo, y descubrir los periodos de la vida junto a ti. Ser la tía de tus hijos y comprarles mil helados de cuajada, emocionarme en el día de tu boda, ayudarte con tu propio negocio, y sobre todo envejecer contigo. No quiero soltarte. Eres y siempre serás mi familia, mi hogar. Hasta ahora no creía en el amor , pero lo que siento por ti a llegado a ser más que amor . Te quiero.


Vivimos en una sociedad de consumo, capitalista, en la que lo material lo es todo. Una vida egoísta en la que el dinero guía todos nuestros impulsos. Las personas se han convertido en clientes cuya única necesidad es gastar. Consumimos sin control y la mayoría de veces son gastos inútiles. Cuanto más tenemos más queremos y ese ansia de querer poseer puede convertirse en una enfermedad, la avaricia. El problema no está en consumir, porque es cierto que el ser humano tiene la necesidad de cubrir una serie de necesidades y deseos, si no que está cuando está acción se convierte en una actividad morbosa. En ese caso ya no se habla de de “consumo”, sino de “consumismo”. El objetivo de la vida de hoy en día se deriva a la acumulación de bienes. El dinero ha llegado a ser el arma y la droga más peligrosa que pueda existir. Nos autoengañamos pensando en que cuando tengamos el producto deseado seremos más felices.

La sociedad de consumo se apoya a sí misma defendiendo la calidad de vida, y esa calidad solo se obtiene con el gasto. Muchas veces no somos conscientes de la suerte que tenemos pudiendo obtener todo lo que deseamos y a veces no nos basta con eso y queremos más y más, sin tener en cuenta a todas aquellas personas que no tienen ni para comer. Cada mañana, nada más poner un pie en la calle comenzamos a consumir, o bien tomamos un café, o cogemos el coche para ir al trabajo, o nos adelantamos y compramos el pan. Todas las acciones que hacemos las hacemos por nosotros mismos, sin pensar en el prójimo. Estamos al tanto de la mala calidad de vida que tienen algunas personas, pero lo único que hacemos es mirar para otro lado y darles la espalda. Salimos llenos de bolsas de los centros comerciales mientras vemos a gente pedir en la esquina. Creemos que somos buenas personas, pero no es así, porque conociendo el problema no hacemos nada al respecto. Podríamos vivir tranquilos y felices con los objetos que gozamos pero necesitamos más. Compramos ropa cada dos semanas con la llegada de la nueva colección teniendo el armario lleno, almorzamos en el bar de la universidad por la pereza que nos da levantarnos a por el pan cada mañana y vamos a la peluquería todos los meses solamente para vernos más guapas, nos autoengañamos pensando que todas esas pequeñas cosas son necesidades, pero no es así, son caprichos.

Vivimos en una sociedad de clases. En ese mundo es necesario que este sistema se lleve a cabo, tiene que haber diferencia económica entre las personas. Para que el mundo funcione debe haber gente con mucho dinero y gente con menos. Pero esa diferencia no debe ser tan drástica. Todo ser humano de este planeta debería tener un sueldo mínimo para poder pagar un alquiler y tener comida para todo un mes. Piensen sino en lo aburrido que sería que todos poseyéramos la misma cantidad de dinero, viviríamos todos en una misma rutina aburrida sin ninguna aspiración ni motivación.

Comparte este artículo

Share on facebook
Share on whatsapp
Share on twitter
Share on linkedin

Nuestro blog

¿Tienes alguna consulta?

Páginas amigas