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La navidad es, para la mayoría de las personas, un tiempo de celebración, de reunión familiar, de descanso, que conlleva toda una serie de expectativas y tradiciones. Una época en la que las compras, los décimos de lotería, la comida y el alcohol (así como otras sustancias) corren en abundancia. -Se dice que brindar con agua trae mala suerte-. En la mayoría de los casos, efectivamente, se trata de un periodo de felicidad. Pero también existen muchas otras personas que no se sienten capaces de estar a la altura de esas expectativas sociales por lo que acaban viviendo unas semanas de frustración, de
inestabilidad emocional, de estrés, de soledad o de tristeza.

El indice de consumo de sustancias psicoactivas incrementa hasta un 300%

Las cenas navideñas, tanto las familiares como las de empresa, suelen ir acompañadas del consumo recreativo de alcohol y, en ocasiones, otras drogas, lo que provoca que el número de accidentes automovilísticos se eleve de manera significativa. Pese a que durante la campaña de Navidad la DGT realiza más de 25.000 controles diarios de alcohol y drogas, en 2018 el 66% de los conductores fallecidos en accidente de tráfico presentaba una tasa de alcohol que triplicaba la permitida y el 19% de estos conductores dio un resultado positivo para otras drogas.

Como publica la revista Environmental Science & Technology, los ríos son indicadores de los niveles de consumo de sustancias psicoactivas por parte de la población, ya que tras su uso, son excretadas llegando a las plantas de tratamiento de agua. Curiosamente, el análisis del río Llobregat en España reveló que en fechas navideñas, los índices de concentración en el agua de cocaína, éxtasis y anfetaminas aumentaron significativamente.

Tal incremento, según la ONG Controla Club, es nada menos que del 300%. Lógicamente, también aumenta exponencialmente la cantidad de drogas incautadas por la policía en estas fechas.

Los adictos en rehabilitación son los más vulnerables

Pero quizá el grupo social para el que la navidad supone una época de mayor riesgo es el de los adictos en rehabilitación, quienes tienen verdadera dificultad para encontrar un espacio alejado del consumo de alcohol u otras sustancias psicoactivas. -De hecho, Nochevieja es el día de año con más recaídas-. Lo mismo les sucede a los compradores compulsivos y a los jugadores patológicos.

A un adicto no le es fácil reconocer, en el seno de su propia familia, que tiene un problema tan estigmatizado socialmente, por lo que tarde o temprano tendrá que enfrentarse a la disyuntiva de aceptar la copa para el brindis en la consabida reunión familiar, o negarse viéndose obligado a poner una excusa. Muchas veces parece que la sociedad se alarma en mayor medida porque un adicto asista a un tratamiento que porque continúe consumiendo. Estas son, al menos, muchas de las opiniones que he escuchado a lo largo de casi 20 años trabajando con personas que padecen una adicción.

Es recomendable, para estas personas, hablar con los familiares de su confianza acerca de su problema, anticipar las situaciones de riesgo que se le puedan presentar programando su tiempo libre, -recordemos que el aburrimiento es una de las causas de recaída habituales- y, por encima de todo, tener presente que no estamos obligados a seguir ninguna tradición que nos perjudique, que nos haga sentir frustrados o que suponga un riesgo para nuestra estabilidad emocional. Y si esto no fuera posible, buscar la ayuda de un profesional.

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