La importancia de la familia en el tratamiento de adicciones

Familia en tratamiento adicción

Afortunadamente, los tratamientos psicoterapéuticos para personas con adicción han avanzado mucho en los últimos años y, lo más importante, han logrado aumentar su eficacia.

Poco a poco, la sociedad ha tomado conciencia de que una persona adicta no es un “vicioso” con una moral poco firme, sino un enfermo. La adicción es una enfermedad crónica, igual que lo es la diabetes. Personas sumamente inteligentes y con grandes valores éticos podrían desarrollar una adicción. Todos, de hecho, somos susceptibles de padecerla. Incluso puede que, en cierta medida, ya la suframos; pensemos en la adicción al móvil, a las redes sociales, al trabajo, al deporte, etc.

Sin embargo, el paso cualitativo más importante de los últimos años, a la hora de aumentar la probabilidad de éxito terapéutico en estos tratamientos, ha sido la inclusión de la familia cercana en los procesos. Y la familia no sólo considerada como acompañante del paciente, sino como paciente en sí misma, es decir, susceptible de cambiar, de adaptar su conducta al problema que ha surgido en su propio seno, del mismo modo que la familia de una persona sordomuda puede decidir aprender el lenguaje de signos para comunicarse mejor con él.

Analicemos esto desde 5 principios:

1. La familia no tiene la culpa del problema, pero si la solución

En muchas ocasiones, la pareja o la familia más cercana de la persona adicta se siente culpable por la enfermedad del paciente. Y esa culpa hace que se dedique más a aliviar su propia culpa que a centrarse en lo que realmente necesita el enfermo. Imaginemos que ha tenido un accidente con la moto por conducir bajo los efectos del alcohol, y el padre se siente culpable porque fue él quien le enseñó a conducir una moto hace años. O que el padre reproche a la madre por haber discutido con el hijo justo antes del accidente generando un posible estado de tensión en él. De un modo u otro, es habitual sentir culpa.

En ese caso es más probable que los padres se enfaden y reprochen a su hijo tras el accidente, en lugar de ayudarle y mantenerse calmado hasta que sea un buen momento para hablar. En el fondo, estos padres del ejemplo se están reprochando a sí mismos, porque se sienten culpables. No están poniéndose en el lugar de su hijo verdaderamente y tomando consciencia que él debe de estar sintiéndose dolorido y triste por el accidente. Además de culpable.

En cambio, cuando las personas cercanas logran centrarse, comentar y ensalzar los pequeños logros que poco a poco va alcanzando el paciente, se genera un clima familiar mucho más motivador que facilita el mantenimiento de la abstinencia. Tengamos en cuenta que, para la mayoría de las personas, resulta fundamental lo orgullosos que nuestros padres estén de nosotros, y eso influye enormemente en nuestra autoestima.

2. La codependencia

La adicción “se contagia”. Es decir, con mucha frecuencia, las personas más cercanas a un adicto desarrollan un trastorno llamado “codependencia emocional”. La codependencia emocional consiste en una serie de conductas que, sin pretenderlo, y de forma inconsciente, acaban empujando al adicto a consumir. Entre estas conductas están los reproches (recriminarle por el daño que se está haciendo a sí mismo y a los demás), los consejos (pasar el día diciéndole lo que debería y no debería de hacer), las comparaciones (con otras personas, con sus hermanos, etc.). Todo ello provoca que el adicto se sienta culpable, que se odie a sí mismo por hacer tanto daño a las personas cercanas, que pierda su autoestima, que tema sentirse abandonado y que el nivel de ansiedad se vuelva insoportable. esto podría conducir de nuevo al consumo.

La persona codependiente (los padres, la pareja, un amigo…) se centra cada vez más en el paciente y sus problemas, y poco a poco se va aislando de sus propios amigos, de sus hobbies. Así, su estado de ánimo depende cada vez más de lo que haga y diga el adicto. Por eso, le irán afectando más profundamente los consumos de éste. Este tipo de relación patológica va destruyendo el afecto que se siente por la persona, y al final queda sólo un sentimiento de responsabilidad, de estar con la persona sólo para que recupere, ya no porque así se elige.

Por ese motivo es tan importante que pueda participar en el tratamiento y cambiar esas conductas.

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3. El paciente adicto es el miembro sintomático del grupo

La psicología sistémica define al miembro sintomático como la persona que “encarna” los problemas del grupo o de la familia. Es decir, supongamos una familia con tendencia a desvalorar a sus miembros; una familia enormemente crítica consigo misma. Es probable que, en un entorno así, se etiquete, por consenso, a un miembro como “la oveja negra”, el problemático, el que no hace lo que se espera que haga. Así la familia se dedicará a hablar de este individuo, habitualmente con la intención de ayudarlo, y a preocuparse por él, y a coordinarse para cuidarlo, etc. 

De este modo, evitarán tener que hablar de sus propios problemas, tener que seguir criticándose y acabar siempre discutiendo. Porque ahora todos estarán unidos por su actitud de ayuda a este miembro enfermo.

El problema es que dicho miembro tendrá que afrontar una situación de gran presión porque todas las personas importantes le están señalando. Se sentirá el más erróneo, el más culpable, y esto facilitará el desarrollo de una adicción, lo cual, a su vez, retroalimentará a la familia para extremar su crítica y su ayuda, en un círculo vicioso infinito.

4. Aprender a tratar a la enfermedad

Reproches y consejos, comparaciones y explicaciones, como hemos dicho anteriormente no son nada aconsejables. Cambiar esta forma de comunicarse es dificilísimo cuando el hábito está ya creado, por lo que pueden utilizarse medidas conductuales para cambiarlo. Si cada vez que doy un consejo, o hago un reproche, meto diez céntimos en una hucha, poco a poco iré aprendiendo a hablar de otros temas. 

Es recomendable hablar de las cosas que nos suceden a nosotros mismos, también podemos pedir opinión o ayuda al paciente, cuando sea oportuno.  Valorar los pequeños logros que realice cada día es también muy recomendable. Estar receptivos a lo que él cuente, aunque al principio sean sólo unas pocas palabras. Permitir que en ocasiones haya silencio, que tome sus propias decisiones, aunque se equivoque. ¿Entonces cómo puede el paciente superar su problema de adicción? Por medio de acuerdos.

5. Acuerdos y consecuencias de incumplimiento

Los acuerdos son esenciales en la primera fase del tratamiento de la adicción. Se trata de una estrategia cognitivo-conductual que ayuda enormemente a dejar de consumir, y a que la familia se relacione con el paciente del modo anteriormente recomendado. Se pueden acordar horarios para salir o regresar a casa, actividades diarias para que realice, actividades deportivas, formativas y de tiempo libre. Puede acordarse con qué amigos se va a encontrar y con quiénes no. Todo ello ha de ir acompañado de consecuencias en caso de que cada tarea se cumpla no. Serían algo así como premios y castigos, pero acordados bilateralmente entre la familia y el paciente.

También es aconsejable que en esa lista de acuerdos también aparezcan los compromisos de la familia, aquello de evitar consejos, reproches, comparaciones, etc.

Estos cinco puntos son realmente eficaces. En mi experiencia profesional, he comprobado que cuando la familia forma parte del tratamiento e incorpora estos aprendizajes mencionados, el proceso evoluciona más rápidamente y las recaídas ocurren con mucha menor frecuencia.

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