«Llegó un punto en el que estaba completamente harta. Ya no sabía qué más hacer con él, ni a qué puerta llamar. Las discusiones eran diarias y agotadoras. Él siempre me repetía la misma frase, casi como un disco rayado: ‘Exageras, yo controlo, esto lo puedo dejar cuando quiera’. Pero la realidad era muy distinta. […]